Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Plataforma de Iniciativas Ciudadanas

Sábado, 08 de abril de 2006

MARBELLA/ALICANTE: UN ENFOQUE MORAL

MARBELLA/ALICANTE: UN ENFOQUE MORAL

Plataforma de Iniciativas Ciudadanas

Ante la situación creada en Marbella corremos un doble y opuesto peligro: por un lado querer igualar cualquier realidad con la que se da en el municipio malagueño y, por otro, afirmar apresuradamente que el contexto no es equivalente, dada la escandalosa acumulación de delitos y corruptelas. Creemos que la única manera de escapar de esa paradoja es entender lo sucedido en Marbella como la culminación de un proceso, largo y complejo, con características que lo hacen, sin duda, singular. Pero, también, como el fruto de un proceso que comparte muchos rasgos necesarios con realidades que nos son próximas y conocidas en el País Valenciano y, en concreto, en Alicante.
A ningún alicantino, a ninguna alicantina, debe gustarle que, tal y como están las cosas, comparen a su ciudad con Marbella. Ni siquiera que se le aplique el nuevo término de “marbellización”. Y no tardaremos mucho en descubrir a “buenos alicantinos” ofendidos por la comparación. A los que lo hagan de buena fe pedimos de antemano disculpas, pues no se trata de ofender los sentimientos de nadie. Pero también a esos les decimos que, precisamente, ha llegado la hora de descubrir nuevas formas para demostrar el amor a Alicante y que ya no valen las expresiones banales, festivas y desmentidas por la piqueta que anula los horizontes más queridos. Sólo desde la comprensión crítica de los nuevos fenómenos podremos salvar los restos de lo que alguna vez quiso ser “la millor terra del món”. Y, de paso, sepa el buen alicantino que, emboscado en sus argumentos, hay mucho destructor, precisamente, de esos horizontes esenciales. La conclusión es que es necesario, precisamente en estas circunstancias en las que la especulación inmobiliaria se pone en primer plano, discurrir sobre nuestra realidad, rehuyendo colectivamente toda autocomplacencia.

La tesis central que defenderemos es que para que lo ocurrido en Marbella haya llegado a ser posible, fueron antes necesarios unos estadios intermedios, unas estaciones de paso… y que alguna de ellas se parecen notablemente a cosas que pasan en Alicante. Nos preocupa especialmente un aspecto de la cuestión: para poderse llegar a esto hizo falta, previamente, el “desarme moral” mayoritario. Un desarme moral que no obedece a ninguna maldad intrínseca de la sociedad sino que es promovido por poderes económicos que sólo se ponen en evidencia cuando ya es demasiado tarde.
Tratemos de describir un proceso que comienza alentando la ignorancia. Ante todo se establece una equiparación perversa y falaz entre la necesidad del “progreso” urbano y la admisión de las obras del rico y poderoso como paradigma a imitar, y su apreciación como benefactor de la sociedad con sus experimentos inmobiliarios que se presentan como “inevitables” si de verdad la ciudad quiere salir de su “atraso”, atraer a más habitantes y turistas, etc. Por supuesto, las implicaciones medioambientales o los daños para la convivencia o el incremento de la delincuencia que tal modelo acarrea se silencian, y se penaliza a los que advierten de esos peligros como “aguafiestas” y “malos ciudadanos”. Lo importante es anudar férreamente esa relación entre riqueza y desarrollo medido en metros cuadrados.
Una vez establecida se está en condiciones de plantear dos elementos ideológicos auxiliares. Primero es la apelación al orgullo patriotero: “algo tendremos cuando tantos vienen”, por lo que “los otros”, envidiosos, nos quieren ahogar “quitándonos” las casas o el agua. Y cuando se ha fundado un “nosotros” colectivo y victimista, es el momento clave para trazar el chantaje más brutal: o construcción indefinida o paro y falta de vivienda a precios asequibles. Se silenciará que esas políticas, al reducir la diversidad económica, están en la causa de los peligros anunciados o que es la especulación la que incrementa los precios de la vivienda. Se ha erigido una “normalidad” en la que participan asociaciones empresariales, medios de comunicación, sesudos técnicos y el entramado característico de empresarios y políticos.
Esto es muy importante: el político, tendencialmente, reduce su función a legitimar y formalizar con su voto decisiones que, de antemano se presentan como inevitables y, llegado el caso, a ser chivos expiatorios. Porque el político cómplice empieza a abundar, confiado en la impunidad propiciada por la lentitud de la justicia y por lo fácil que es refugiarse en informes técnicos escritos al dictado –abundan los especialistas mercenarios y los funcionarios asustados o los marginados-. Y no es casualidad que a estos políticos sólo se les pueda atrapar por su incremento en el nivel de vida, en el uso y abuso de lujosos aparatos de locomoción, vacaciones estridentes, casas rutilantes y otras parafernalias que suelen reflejar un mal gusto propio de nuevo rico; lo que no es casualidad por dos razones: porque son, en efecto, nuevos ricos y porque sólo así tiene sentido la venta de sus almas, advirtiendo a sus conciudadanos que han trastocado poder político por servilismo económico a cambio de algo. Que al actuar así avisen también a policías y fiscales era algo que hasta hace muy poco no importaba.
Y no importaba porque este derroche consegue de los ciudadanos otros efectos siniestros. En primer lugar sirve para extender la presunción de que “todos son iguales”, generalizando en la fibra social un “sálvese quien pueda” insolidario, egoísta, incapaz de formular propuestas en el largo plazo que, a la vez, intenta anular la capacidad de otros políticos dignos de enfrentarse a las corruptelas. El liderazgo político pierde cualquier connotación de liderazgo moral y allana el camino para que la ciudadanía, masivamente, se instale en la “cultura de la resignación” que retroalimenta la maquinaria de la corrupción. Y que oscurece al corruptor máximo: constructores, promotores y concesionarios de obra o servicio público que son los mayores beneficiarios de todo el proceso, los que se esconden tras el voto y la presunción de legalidad de los actos de la Administración, los que pagan las minutas de los técnicos, los que contribuyen con publicidad a la libertad de expresión y los que, llegados el caso, liberan al pueblo de los melindres de los tristes, provocando cambios de actitud en Grupos Municipales, Mociones de Censura o listas independientes. De ellos, incluso, se espera que no oculten sus riquezas y que ejerzan un tibio y provinciano mecenazgo en entidades festivas y deportivas.
Insistimos: en Marbella ese esquema se ha llevado hasta sus penúltimas consecuencias, pero, como andamiaje inicial y vertebral, existe en muchos otros lugares. Quizá Marbella sea necesaria no como escarmiento, porque falta aún mucho para que las sentencias se dicten, sino como espejo. También como nuestro espejo. Porque esa profunda des-moralización social sobre la que algunos han instalado sus tenderetes de malversación y apropiación de la dignidad del pueblo es, a veces, difícil de comprender, pues, como queda dicho, es su primera y repugnante virtud destrozar las ilusiones, los sueños y las alternativas presentándose como inevitable, incuestionable, cruelmente implacable.
Practiquemos, pues, esa terapia del espejo, imaginemos, por ejemplo, qué pensaríamos si nos contaran que en Marbella se iba a “poner” un PAI como el de Rabassa, un parking en la Explanada o lo que ha pasado con Mercalicante. En efecto, Marbella es un caso único. Pero, antes de ser “esta Marbella” fue algo muy parecido a lo que ahora es “este Alicante”: es una cuestión cuantitativa, no cualitativa. Nos guste o no, como destino de ciudad, a día de hoy, somos de la misma sustancia. Pero, y esto es lo más importante, estamos a tiempo de despertar antes de descubrir que alguno de nuestros más ilustres prohombres también coleccionaba jirafas o se bañaba contemplando un Miró. Evitémonos esa vergüenza.

Manuel Alcaraz Ramos – Carlos Gómez Gil – Carlos Arribas - Ernest Blasco – Maite Catalá – José Ramón Navarro Vera – Manuel Ayús – Fernando Vera – María José Lassaletta - Jorge Olcina – Miguel Ángel Pérez Oca - Roberto Batllés – Reme Ramón – Cristina Bañúls – Bernabé Sanchís - Carmen Juanatey – Rafael Ruiz – Armando Etayo – Ramiro Muñoz – Clemente Hernández –Josep Antoni Ybarra – Bartolomé Torres – Jorge Orts – Ana Paula Cid – Pablo Reig

Por: Plataforma de Iniciativas Ciudadanas | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

este texto esta muy bueno esto le servira a muchas personas

kathya | 25-03-2009 23:26:39

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009